En el estudio de la sabiduría ancestral, a menudo nos encontramos con versículos que parecen desafiar nuestra lógica o poner en duda el propósito divino de la existencia. Uno de los pasajes más debatidos proviene del libro de Kohélet (Eclesiastés 3:19): “Porque eso que sucede a los hijos de los hombres sucede a las bestias; una misma cosa sucede a ambos…”.
A primera vista, esta premisa podría desmotivar a cualquier buscador espiritual, sugiriendo que el ser humano y el animal comparten exactamente el mismo destino final. Sin embargo, una revelación fascinante compartida en la porción del Zohar Shlaj Lejá nos invita a mirar mucho más allá de la superficie literal.
Los Viajeros del Camino y el Enigma de Shlomo (Salomón)
El relato del Zohar comienza con dos sabios, Rabí Jizkiyá y Rabí Yesa, caminando por un sendero mientras reflexionan profundamente sobre este desconcertante versículo. En su camino, se encuentran con un viajero sediento —que luego se revela como un mensajero fiel cargado de profunda sabiduría—, con quien desentrañan el verdadero sentido de las palabras del Rey Salomón.
¿Qué significaba realmente que el hombre y la bestia comparten el mismo destino? La enseñanza del Zohar aclara un punto fundamental: el Rey Salomón no estaba expresando su propia visión de la realidad, sino que estaba citando el pensamiento de la gente insensata y desprovista de fe.
La Ilusión del Azar frente a la Consciencia Divina
Aquellas personas que viven desconectadas de la espiritualidad y de la consciencia superior suelen caer en un error trágico: creen que este mundo se rige por el puro azar y la casualidad.
Para los ojos superficiales de los “necios” (como los denomina el texto), todo ocurre por accidente, y por lo tanto, la vida humana no tiene mayor trascendencia que la vida de una bestia: se nace, se sobrevive y se extingue sin un propósito elevado.
Sin embargo, el Zohar nos muestra que este argumento pertenece exclusivamente a aquellos que han renunciado a su capacidad de despertar. Al adoptar una visión meramente instintiva y materialista, las personas se reducen a sí mismas al nivel de los animales, interpretando erróneamente que la existencia carece de un Director Supremo.
El Ascenso del Espíritu: Hacia Dónde Va Realmente el Humano
Frente a la visión nihilista del mundo por casualidad, la perspectiva cabalística establece una diferencia abismal entre el alma humana y la naturaleza animal:
- El Espíritu de la Bestia: Su energía y su ciclo vital descienden y se reintegran a la tierra, cumpliendo su función en el plano físico sin una aspiración de trascendencia metafísica.
- El Espíritu del Hombre: Cuando el ser humano cultiva la consciencia, estudia la Torá, practica la bondad y se alinea con la fe, su espíritu asciende. Sube hacia un lugar superior y sagrado para ser sustentado por la luz celestial, vinculándose directamente con el flujo divino (asimilado en el texto a una ofrenda pura de elevación, u olá).
El texto nos advierte con firmeza sobre el peligro de vivir sumidos en la inconsciencia: aquel que rechaza la luz y vive puramente gobernado por los instintos más bajos sella su propio destino en los niveles inferiores de la separación espiritual (Guehinom).
Conclusión: Despierta tu Potencial Creador
La porción de Shlaj Lejá en el Zohar nos deja una pregunta urgente para nuestro día a día: ¿Estamos viviendo como seres guiados por el instinto y el azar, o estamos elevando nuestra alma a través de nuestras elecciones conscientes?
Tu vida no es una coincidencia cósmica. Tienes la capacidad única de elegir el ascenso espiritual, de nutrir tu mente con sabiduría y de transformar cada palabra y acción en un puente hacia la luz superior. No te conformes con una existencia terrenal y mecánica; haz honor a la chispa divina que habita en tu interior.



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